viernes, 13 de febrero de 2026

La Casa del Conquistador en Zacatecas.

 

    La Casa del Conquistador en Zacatecas.


    Por Bernardo del Hoyo Calzada.

     Conocida como la Casa del Conquistador, hoy Instituto Regional del Patrimonio Mundial en Zacatecas, Centro Categoría 2, Bajo los auspicios de la UNESCO. Se encuentra ubicada en la Av. Juan de Tolosa Nº 29, antigua calle de Cuatro Cruces, y durante el porfiriato 1ª de San Francisco, junto a la Alcaicería de Gómez, en el centro Histórico de la ciudad de Zacatecas.

Su antigua construcción se remonta al siglo XVI, y se dice que fue la Casa del Conquistador y Adelantado de Nuevo México, Don Juan de Oñate y Salazar, hijo del Capitán Don Cristóbal de Oñate, fundador de Zacatecas, y de doña Catalina Salazar y de la Cadena.  Según el Profesor Cuauhtémoc Esparza Sánchez, una periodista que visitó esta ciudad por el año de 1932, encontró documentos que probaban que esta casa fue propiedad del Adelantado de Nuevo México don Juan de Oñate y Salazar, y de dicho documento, me comentó el Prof. Cuauhtémoc que correspondía al mencionado edificio, y que la dicha periodista llamada Mrs. Ruth Laughlin Beker, decía que en esta casa había nacido don Juan de Oñate.

Sobre la familia Oñate en Zacatecas, en su libro “Miscelánea Oñacina, Cristóbal de Oñate y sus Hijos”, (1987), el historiador Jorge Palomino y Cañedo resumiendo sobre la familia Oñate en la págs. 180-18, nos dice lo siguiente: “Sacaba yo las siguientes conclusiones, siempre vigentes para el historiográfico, y ellas son que Cristóbal de Oñate, varias veces Gobernador de la Nueva Galicia, o del nuevo reino de Galicia, como le llamaron  al menos durante el siglo XVI para distinguirlo del reino de la Nueva España, valiente defensor de la Guadalajara de Tlacotlán y fundador de la definitiva y actual en el valle de Atemajac, así como de Compostela de Indias, en Xalisco y además, el principal entre los cuatro fundadores de Zacatecas:

1.- Contrajo matrimonio en la Catedral de México con doña Catalina de Salazar en la Pascua de Navidad de 1549, oficiando el Ilustrísimo Señor Maestrescuelas don Álvaro de Temiño, hermano de Baltasar Temiño de Bañuelos, otro de los fundadores de Zacatecas.

2.- Que sus hijos nacieron en el Real de Pánico, cercano a Zacatecas, entre los que se encuentran los gemelos don Cristóbal y don Juan, este último futuro adelantado de Nuevo México, asimismo exceptuando a doña María de Galarza, cuya partida de bautismo se halla en el Libro II de Bautismos de Españoles, al folio 10 vuelta, del archivo parroquial del Sagrario Metropolitano de la Catedral de México, la cual a la letra dice:

“En venyte y seys del dicho mes (está entre las partidas de diciembre de 1552), don Álvaro Temiño, provisor, bautizó en Santo domingo a María, hija de Cristóbal de Oñate y de doña Catalina de Salazar, fueron comadres: doña Leonor de bocanegra, y doña María de Mérida, y doña Regina de la Cadena, y compadres: don Alonso de Montemayor, y Baltazar de Gallegos, y don Juan de Saavedra. Por El Señor Maestrescuela” (una rúbrica).

3.- Que el hijo mayor, don Hernán Pérez de Oñate, primer Mayorazgo de Oñate y encomendero de Tacámbaro y Culhuacán, nació en el Real de Pánico en agosto de 1551.

4.- que el insigne capitán, conquistador y fundador de poblaciones falleció de enfermedad, asaz repentinamente pues ni siquiera hizo testamento, en su casa de “los asientos de Oñate” en el Real de Pánico, cercano a Zacatecas, el lunes 6 de octubre de 1567, y que su cuerpo fue sepultado en la iglesia de ese lugar.

5.- que el 22 de octubre siguiente, el ilustre señor oidor y visitador general Licenciado don Francisco Gómez de Mendiola y Solórzano, cuatro años más tarde promovido a obispo de la extensa diócesis de Nueva Galicia otorgó, en la misma casa del difunto Cristóbal de Oñate en el Real de Pánico a la viuda, doña Catalina de Salazar, la tutela y curaduría de sus seis hijos menores de edad.

  Inquiría yo entonces y todavía lo quisiera saber, cuales fueron y donde están la casa y la iglesia de “los asientos de Oñate” en el antiguo Real de Pánico, y cuál fue la razón por la que ese nombre de Pánico, con el que he visto llamar dicho Real de Minas en muchos documentos antiguos, cambió al de Pánuco.

 Alegaba también que como “pocas ciudades hay en el mundo que puedan jactarse de poseer y honrar los huesos venerables de sus fundadores”, muy bien podría Guadalajara iniciar la búsqueda de los restos de Cristóbal de Oñate para traerlos a descansar, dignamente y para siempre, en la catedral que él mismo pidió que se erigiera en esta ciudad y no en Compostela.”

Hasta aquí don Jorge Palomino y Cañedo.

Con esta información se comprueba que don Juan de Oñate no nació en esta casa, sino en Pánuco, Zac. Y lo que sí pudo ser, que esta casa don Juan de Oñate la hubiera construido o reconstruido toda vez que hubiera sido la casa de Cristóbal de Oñate, en la ciudad de Zacatecas, ya que el dicho don Cristóbal tenia:  Una casa en la ciudad de México, frente en la Plaza de Santo Domingo, las encomiendas de Tacámbaro, Culhuacán, Xalisco y Macota, y en mitad, los pueblos de Acatispa, Orita, Santiago, Juilatlan, Yztapa, Matlatiquipac, Chistique y Tepetluaca, con 180 indios tributarios, todos ellos a la mitad con la corona. Y en Zacatecas trece ingenios de moler y fundir y ciento una casas de esclavos.

En el año de 1625 el Adelantado de Nuevo México don Juan de Oñate y Salazar presentó en Madrid las pruebas para ingresar a la Orden de Caballería Militar de Santiago, y el Lic. Don Gabriel de Jesús Camarena y Gutiérrez de Lariz, en el libro de Miscelánea Oñacina nos dice:

“El quinto (hijo) fue el más brillante de todos, el adelantado don Juan de Oñate y Salazar, conquistador y gobernador del nuevo México, Caballero del Habito de Santiago, casado con doña Isabel de Tolosa, Cortes y Moctezuma, hija del Capitán Joannes de Tolosa, alias Barbalonga, conquistador de nueva España y fundador de Zacatecas y de doña Leonor de Cortés Moctezuma, la cual a su vez era hija de la Princesa Tecuichpotzin (hija de Moctezuma II) y del Capitán don Hernando de Cortés, Monroy, Pizarro y Altamirano, Primer Marques del Valle de Oaxaca”. 

Por la investigación de la historiadora Mrs. Ruth Laughlin Beker, según el profesor Cuauhtémoc  Esparza Sánchez, esta casa contaba con dos pisos ya desde principios del siglo XVII, aunque no se tiene la fecha precisa de la construcción original de esta casa llamada del Conquistador, y además me comentó don Cuauhtémoc Esparza que la periodista publicó en el dicho año de 1932 un artículo en una revista, producto de sus investigaciones y de su viaje a Zacatecas, y el mismo Prof. Cuauhtémoc publicó en el año de 1983 su libro “Cinco Cartas para un Viajero”, el articulo  Casa de Cristóbal de Oñate, septiembre de 1971”.

Y continuando con la historia de esta Casa, el padre Víctor Hugo Gutiérrez García, en el año de 1999 publicó una revista titulada “Seminario Conciliar de la Purísima 1869 1999. Memorias. 130 años Formando Pastores”. Y nos dice que el Primer Obispo de Zacatecas don Ignacio Mateo Guerra fundó el Seminario Conciliar de la Purísima en 1869, y en una casa, que tiene una antigua inscripción que dice “Seminario Conciliar de la Purísima”, se encuentra en el edificio que hoy está marcado con el número 29 de la Calle de Juan de Tolosa, se comprende que en este edificio se fundó el primer Seminario.  Y más adelante nos dice Víctor Hugo basándose, en el Historiador y Monseñor Don José de Jesús López de Lara, que el segundo Obispo de Zacatecas don José María del refugio Guerra, que: “El construyó el primer edificio adecuado a las necesidades del plantel , ya que la casa donde se había efectuado la inauguración no llenaba los requisitos necesarios, además el número de los alumnos iba en aumento considerable: al principio del primer curso escolar eran setenta y seis, cuando terminaba el segundo curso, se contaban alrededor de ciento siete”, y la fecha que nos da Víctor Hugo es 1873. Estos dos primeros seminarios se pueden apreciar en la fotografía que fue tomada por los años de 1880, y en él se aprecia el primero en la calle Juan de Tolosa, y el segundo donde hoy está el Museo Manuel Felguerez. 

Después de que fue Seminario, la casa fue de varios particulares, hasta mediados del siglo XX, en la que el citado Prof. Cuauhtémoc me dice que ahí vivió y fue propietario don Daniel Kuri Breña, que escribió el libro “Zacatecas, Civilizadora del Norte”, en el año de 1944, y que por los años de 1968 a 74, la casa quedó abandonada, y a raíz de haber publicado su libro, se tomó interés por conservar esta casa, inclusive se quería demoler, y hacer un cine, y fue el Prof. con don Federico Sescosse, para que este edificio no se demoliera, y con la intervención de don Federico el gobierno compró la casa en $400,000.00 pesos, de los $500,000.00 pesos que se pretendía. Y también que ya en ese tiempo se pesaba poner una placa diciendo que aquí nació el conquistador Juan de Oñate, y yo creo que por falta de pruebas no se puso.

El año de 1981 se destinó para Obras Publicas del Gobierno del Estado, según una placa que se colocó en ese tiempo, y dice así: “Casa del Conquistador, puesta en valor por el Gobierno del Estado y destinada al Servicio Público. 20 de noviembre de 1981”.

La antigua casa Solariega Zacatecana del Adelantado, si no me equivoco debió de haber llevado el escudo de armas de don Juan de Oñate, por tener derecho a ello, ya que era Caballero Cruzado de la Orden de Santiago de la Espada, y dichos caballeros podían utilizar escudos de armas. Y ahora que ya lo conocemos, sería posible que al menos en su interior, se colocara dicho escudo para la historia de esta casa, toda vez que esta ciudad es patrimonio cultural de la Humanidad.

                                       Guadalupe, Zac. 13 de febrero de 2026.

Apéndice documental.

Del Libro del Prof. Cuauhtémoc Esparza Sánchez, “Cinco Cartas para un Viajero”, Centro de Investigaciones Históricas. Universidad Autónoma de Zacatecas. Cuadernos Universitarios I, Zacatecas 1983.

Pág. 51

Casa de Cristóbal de Oñate, septiembre de 1971.

Casi al borde del Trópico de Cáncer, a más de 2,400 metros sobre el nivel del mar y en medio de un paisaje yermo, levantaron mis primeros vecinos una colmena de casas. Piedras de metales preciosos forman sus cimientos. De tierra revuelta con ricos jales de oro, plata y mercurio son los adobes de sus muros. De cantera roja, rosa y veteada de los cerros aledaños, sus fachadas e interiores, y, de las regiones boscosas del Estado, las puertas y ventanas, vigas y tabletas de sus techos. El hierro forjado y flagelado, que completa y ornamenta sus rostros, refleja la categoría social de sus propietarios. El esquema arquitectónico es casi común para todas ellas: la puerta que conduce al zaguán y éste al patio embaldosado, enmarcado de soportales. Al centro, el brocal del aljibe --- almacén provisor en una región donde la falta de agua les diera, hasta el año de 1940, fama a sus moradores de bañarse en escalera.

Cada casa es una historia. En ella han nacido, vivido y expirado generaciones enteras. Conquistadores, mineros, evangelizadores, liberales, y conservadores, testaferros, profesionistas, avaros, idealistas, y que se yo…las han habitado. Sus patios, aposentos y corredores sirvieron de marco a los muebles virreinales primero y a los austriacos después, a los tapetes persas, marfiles, sedas de oriente, espejos franceses, cromos y esculturas italianas, y fueron también escaparate para que las bellezas locales lucieran joyas y brocados. Sus paredes han retumbado ante el grito efusivo que pregonaban haber alcanzado bonanza la veta del amo. Han trepidado ante la música de los días de fiesta. Se han cimbrado ante la metralla de la independencia, ante las reyertas de la reforma o ante el ¡Viva Villa! Del verano de 1914. Han recogido las risas infantiles y en ellas, por último, se han apagado los rezos desgarradores por los que ya no volverán.

Cada vez que se emprendía una nueva conquista se desangraban, demografía y espiritualmente, mis casa para fundar otra ciudad, y entonces sus patios, traspatios y corredores se volvían cajas de resonancias febriles y sentimentales, pues se multiplicaban en ellas el relincho de los caballos, el mugir de los bueyes, el rechinar de las carretas, el tintinear de las espuelas, el ajetreo de los mozos; el sonoro choque de las monedas de plata, la ronca voz y el taconeo de los emigrantes, la plegaria de los frailes, el sollozar de las mujeres y la risa nerviosa de los niños, que al transformarse en hombres repetirán las proezas de sus mayores.

Y después que los moradores de estas casas pacificaron las montañas de indios salvajes, que fundaron lejanos oasis de civilización y los ataron con caminos defendidos por presidios militares, que encontraron los filones argentíferos y distinguieron y demarcaron la tierra estéril de la pradera fértil, anglo-norteamericanos y franceses tocaron a sus puertas y pidieron posada. Y, ocultando en la suavidad de su voz melosa su espíritu fenicio, obtuvieron la información deseada y entonces en vez de hacer evolucionar estas tierras, premeditadamente agotaron los recursos naturales y dejaron, en vez de reservas metalíferas, cascarones, y en vez de herencia cultural, sólo huérfanos y viudas, a causa de haber ocasionado con su tecnología el desarrollo de la silicosis entre los trabajadores del subsuelo.

Cada centro de población, grande o pequeño, tiene una casa legendaria. En mi recinto son famosas las Casa Reales o de los Intendentes,[1] la Casa de Gobierno,[2] la Casa de Retegui,[3] la Casa de Moneda,[4] la Casa del Cobre,[5] la Casa de la Condesa,[6] la Casa Municipal,[7] la Casa de los Norman, en cuyo primer piso de la Calle de Abajo estuvo la estación de las Diligencias que hacían el servicio de Zacatecas a México; la Casa de los Soto, que conserva intacto su menaje porfiriano y la misma caja fuerte donde se guardaba el dinero, producto del extinto latifundio de San Juan Capistrano.  Algunas otras casas como la de la Real Caja y la de los Viadero han desaparecido. Este mismo fin siguió algunas otras como las que se levantaban también sobre mi antigua Calle Real. Ahí estuvo, por ejemplo, la casa de don Cristóbal de Oñate[8] – uno de mis fundadores -, quien a pesar de que la bonanza inmediata lo colmó de gloria y fama, en vez de volverse mezquino, como otros de su estirpe, demostró su don de gentes al invitar por medio de una campana a todo aquel que quisiera ir a sentarse en torno a su mesa y compartir el diario sustento. Su hijo, don Juan de Oñate, mestizo de sangre noble, vástago de don Cristóbal y esposo de doña Isabel Tolosa Cortes Moctezuma, hija de Juan de Tolosa, nieta de Moctezuma,[9] fue nombrado por mandato real en 1595 conquistador y pacificador de la Nueva México, por lo que “se obligó a organizar una fuerza de 200 o más hombres a sus propias expensas. Mandó el virrey que para enviarle se le diesen de las cajas reales diez mil pesos, seis mil en préstamo y cuatro mil de ayuda de costa”. Firmadas las capitulaciones, con apoyo de sus hermanos, de sus sobrinos – los cuatro hermanos Zaldívar – y de los hombres más ricos e influyentes de México y Zacatecas, don Juan inicio sus preparativos y Vicente Zaldívar hizo el reclutamiento de la gente en la capital del virreinato.

El punto de reunión fue mi Calle Real. De ella partió la caravana. Frailes, sirvientes indígenas, esclavos y una larga hilera de 83 carretas estiradas por bueyes para trasportar niños, mujeres, provisiones y familiares de los soldados colonos que formaron aquella expedición, estuvieron listos en 1596. Don Juan de Oñate salió de la casa paterna cubierto de una armadura, y al frente de los suyos emprendió la marcha fatigosa por los dilatados caminos del norte a través de territorio chichimeca. A la retaguardia de la caravana caminaban siete mil cabezas de ganado. A causa de celos, chismes, motines, deserciones “e inspecciones ordenadas por el virrey”, hasta 1598 dejó Oñate el Real de Minas de Santa Bárbara, ultima avanzada de Nueva España. “En vez de seguir por el Conchos, como los primeros exploradores”, abrió camino directo a través de llanuras y desiertos hasta El Paso del Rio Grande del Norte. “En los primeros días de abril llegó a las grandes dunas al sur de” dicho lugar. El 27 acampó a un lado de la corriente y el 30 plantó el estandarte Real del monarca español y tomó posesión formal de la Nueva México.[10]

Un hombre de letras, el capitán Marcos Farfán, que fue el primer dramaturgo que escribiera una comedia en lo que ahora son los Estados Unidos, la represento por actores soldados en las márgenes de este río. Otro capitán, Gaspar de Villagra, escribió el Diario de la expedición, en forma de poema épico. Se compone de 33 cantos y es la fuente principal en la historia antigua de Nueva México.

Luego de cruzar el río, Oñate avanzó lentamente, exploró el terreno y procuró la amistad de los nativos. Al mediar el año fundó la primera capital de la provincia, a l que “por cortesía de sus moradores” tituló San Juan de los Caballeros. Esta fue, después de San Agustín, fundada en Florida en 1565, la población más antigua de lo que hoy son los Estados Unidos. Allí celebró don Juan una “universal junta de toda la tierra” a la que concurrieron los jefes indios, quienes juraron obediencia y vasallaje al rey de España; mas hostilizado por los nativos, Oñate hubo de trasladarse a fundar San Gabriel, segunda capital de la provincia. En 1599, ya en posesión del Nuevo México, Oñate buscó minas, exploró regiones vecinas e hizo dos expediciones más. En 1601marchó con 80 hombres en pos de Quivira y llegó hasta Wichita, Kanzas, pero creyendo imprudente ir más allá, volvió a San Juan de los Caballeros y se encontró con que los colonos habían huido y lo habían acusado injustamente. Furioso, don Juan escribió al virrey y a la Audiencia desmintiendo los cargos. Durante dos años, empañada su reputación, su caso se litigó en la corte. Al final la razón le fue dada y el rey confirmó sus títulos y privilegios. Entonces jugó su última carta.  En octubre de 1604, con solo 30 hombres y dos frailes, recorrió la zona geográfica que Antonio de Espejo había descubierto. Después de muchas peripecias llegó, en enero de 1605, a la Boca del Colorado, en golfo de California; pero sin encontrar la riqueza de perlas que esperaba, ni mucho menos el Estrecho de Aniam, un paso en el nordeste, a través de Norteamérica hacia el Pacifico, en pos del cual había ido, y “convencido de que California era una isla”, retornó a San Juan de los Caballeros.[11]

Nueva México era un resumidero: las minas de Arizona estaban inactivas y los colonos, sin recursos, amenazaron con abandonar la tierra. En 1607 Oñate envió su renuncia. Pedro de Peralta, su reemplazo, una vez que se reabasteció aquí de elementos humanos y materiales, llegó en 1609 a la Nueva México y fundó en forma definitiva, otro sitio la capital, la Villa Real de Santa Fe, muchos de cuyos fundadores fueron zacatecanos o procedían de mi Real de Minas.

Y así, luego de llevar las fronteras “más allá del paralelo 35”, lograda la pacificación y puesta la estructura de la colonización y expansión españolas al norte del Río Grande del Norte, Oñate volvió a la casa paterna en mis lares, de la cual salió luego a emprender un largo litigio en busca de que se le hiciera justicia y se le reconocieran sus méritos; pero al encontrar solo pobreza y olvido, nunca más quiso volver allá.

Atentamente,

Zacatecas, la civilizadora del Norte.

 

 

          

 

 



[1] Situada en la avenida Hidalgo y construida en el siglo XVI ha sufrido remodelaciones hasta nuestros días. En ella estuvieron de paso para Guanajuato y de 20 de agosto al 5 de septiembre de 1811, las cabezas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez. Posteriormente sirvió de residencia al Doctor Prevost, pionero del protestantismo en Zacatecas. Cfr. Amador, Bosquejo, t, II. pp. 105-106, 126-127.

[2] El Padre Felipe de Santa Ana creía que en su lugar estuvo la casa de Cristóbal de Oñate. Amador dice que aquí se levantó la casa del Maestre de Campo Vicente Zaldívar Mendoza, Caballero de la Orden de Santiago y descendiente de Vicente Zaldívar Oñate, conquistador de Nueva Galicia. También perteneció al primer conde de Santiago de la Laguna, coronel de infantería José de Urquiola, quien la donó a su sobrino el minero José de Rivera Bernárdez, heredero del título, mismo que al derribarla construyó en su lugar en 1727 el edificio actual. Fue rentada a partir de 1822, instalándose en la planta baja la Oficina de renta y la secretaria de Almacenes del Estado. Finalmente, en 1834, el gobierno la compró en $40,000.00 al diputado Pedro Rivera Bernárdez y a sus hermanos. Desde el 18 de diciembre de 1829 hasta la fecha ha sido ocupada por el Poder Ejecutivo del Estado, con excepcionales intervalos. Cfr. José Dávila Garibi, La Sociedad de Zacatecas en los albores del régimen colonial. México, Antigua Librería Robledo, de José Porrúa e Hijos. 1939, 132 pp., ils., índice aparte, p.8. (Col. Biblioteca Histórica Mexicana de obras mexicanas inéditas, 13). Amador, MS., Efemérides…, p. 20. Gasca, op. Cit., pp. 68-69. En ella existe, muy incompleta, la galería de gobernadores y en el cubo de la escalera hay un mural de Antonio Pintor que representa pasajes de la historia zacatecana. Fue residencia del Ejecutivo de la Nación en enero de 1867.

 

[3] Actualmente de los Poderes Legislativos y Judicial. Cuenta la tradición, que un sábado que sopló furioso vendaval, don Manuel de Rétegui pasó toda la noche sin dormir e inclusive trato de suicidarse a consecuencia de sus deudas; que muy de madrugada fue a misa a la parroquia mayor y que cuando rogaba lleno de fe salir de sus compromisos, sintió que alguien le tocaba el hombro. Era uno de sus barreteros, que emocionado le informo que habían alcanzado bonanza. Y en efecto, así fue, por lo que llamó a la mina Negociación de Mala Noche, con cuyos fondos construyó la Casa de Rétegui. Fue miembro de la Diputación de Minería de esta ciudad y de regreso a España, vendió esta finca al Estado en $45,000.00 en 1823, por medio de su apoderado el presbítero Juan Ma. Del Valle. Bustamante, op. Cit. P. 15; Gasca, op. Cit., p. 79.

 

[4] En 1810, con fondos de los mineros de Zacatecas y debido a la escasez de moneda se estableció esta Casa de Moneda, misma que se dotó de maquinaria imperfecta. Para la acuñación fabricó un rustico troquel el señor Manuel ramos. En 1811, al entrar Rayón a Zacatecas y proseguir la acuñación, se estableció definitivamente esta Casa, la cual sufrió nuevas reedificaciones y ampliaciones en 1824 y en 1831. Clausurada en 1905 y hechas las adaptaciones del caso, el 21 de marzo de 1906 se estableció en una parte de ella la Tesorería General, otra parte pasó en 1928 a ser propiedad de las logias masónicas y lo restante, como oficinas de Carreteras del estado. Actualmente, además de la Tesorería, se encuentran en ella las oficinas del INPI, las del PRI y la Escuela secundaria de la UAZ.

[5] En ella se hacia la afinación del cobre y el vaciado de las piezas de dicho metal. Contaba con un departamento de fragua y otro para el beneficio de tierra y escobillas. MS., Ordenanzas de la Casa de Moneda…op. Cit., p. 22.

[6] Don Fernando de la Campa Cos, coronel de infantería, conde de San Mateo de Valparaíso y Caballero de la Orden de Alcántara, construyó, al despuntar el siglo XVIII, esta casa para habitación de su esposa María Rosalía Dozal Hijar de Lamadrid. La ocupó después la señora María Ana de la Campa Cos, condesa de San Mateo de Valparaíso, hija de don Fernando y misma que donó la pila bautismal a la parroquia mayor. En dicho edificio, cuya puerta principal estaba la hoy calle de Rayón, se estableció el 17 de septiembre de 1826 la primera Escuela Normal de América. Una leyenda, la de la condesa, tiene por escenario principal esta finca, parte de la cual es ocupada por un hotel.

[7] En 1802 la administración de las cajas reales de zacatecas, debido al gran movimiento comercial de entonces, construyó este edificio especial para alhóndiga. Amador, op. Cit., t. I, p. 583. Gasca, op. Cit., p. 76. Esta finca sería después depósito de tabacos, Escuela Normal para señoritas y escuela primaria. Actualmente la parte norte la ocupa un mercado y la sur la Presidencia Municipal.

[8] En septiembre de 1932, atraída por la historia de la ciudad y en busca de huellas de Juan de Oñate, estuvo aquí Mrs. Ruth Laughlin Beker, periodista y escritora norteamericana. A raíz de su visita se pensó poner una placa donde naciera, según Amador, el dicho don Juan de Oñate. Cfr. Guillermo López de Lara, “Una conquista posible”. América. Zacatecas, Méx., octubre de 1932. Ep. I a., Núm. I, pp. 19-28. Amador, MS., Efemérides, p. 11. La placa naturalmente jamás se colocó. Actualmente funciona allí la Dirección de Obras Públicas del Estado.

[9] Rivera Bernárdez, op. Cit., p. 31. Dávila Garibi, op. Cit., pp. 45-46.

[10] Alfonso Trueba, Nuevo México. México, D. F., Ed. Campeador, 1956, 55pp. Ils., p. 15. (Col. Figuras y episodios de la historia de México. Año III, Nº 29).

[11] Alfonso Trueba, Nuevo México, pp. 16-22.

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